
Javier Pérez Walias (Plasencia, 1960) es licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Extremadura; en la actualidad imparte clases de Lengua y Literatura Castellana como profesor de Educación Secundaria. Hasta el momento ha publicado siete libros de poemas: Ceremonias del barro, (Ed. Ángel Caffarena, Ángel / Poesía, núm. 19. Publicaciones de la Librería Anticuaria El Guadalhorce, Málaga 1988). Impresiones y vértigos de invierno, XVII Premio de Poesía Ciudad de Vélez-Málaga, (Excmo. Ayuntamiento de Vélez Málaga, Los libros de la Axarquía, 1989). A este lado oscuro del cauce ([Taller de Creación Literaria] Universidad de Málaga, Extensión Universitaria, 1992) y Cazador de lunas, (Colección Virazón de Poesía, núm.11, Málaga, 1998). A ellos hay que unir su reciente Antología poética (1988-2003) (Editora Regional de Extremadura, 2004), y Los días imposibles (Calambur, 2005), poemario en que alcanza indudable madurez, reflejo de una voz singular y un mundo propio y que incluye, como tercera parte del mismo perfectamente integrada, una entrega suya anterior, Versos para Olimpia. Poeta inquieto e inquisitivo con su propia obra, acaba de aparecer una nueva versión, sustancialmente mejorada, de Cazador de lunas en Málaga, ed. Monosabio, 2007). Del mismo modo, figura en importantes antologías de la poesía contemporánea tanto extremeña como nacional, entre otras: Gálibo y Alcántara, en Cáceres; el Sur Cultural (suplemento la cera que arde) y La Corná, en Málaga; El Urogallo (núm. especial dedicado a la Cultura Extremeña Actual, diciembre de 1990). En una selección de poetas y poemas realizada por Javier La Beira y publicada en La Factoría Valenciana (núm.18, septiembre 1994) dirigida por el poeta Salvador F. Cava, junto a Pureza Canelo, Carlos Mestre o Jaime Siles. Ha figurado en la Antología (Jóvenes poetas en el "Aula"), (Cáceres, Diputación Provincial, 1983); y en la antología Diez años de poesía en Extremadura (1985 – 1994), (colección de poesía Ciudad de Cáceres, 1995).
BAJO LAS AGUAS
HE aquí, bajo las aguas, el beso prometido
en las arenas del bosque;
en aquel oleaje del bosque
que no era tuyo ni mío sino del cielo,
solamente del cielo.
He aquí mis dos manos acariciando las luces
que caían sedientas
desde cien mil estalactitas verdes.
He aquí aquel cielo.
Aquel cielo
que no era tuyo ni mío sino de tu licor
en ascuas,
de mi latir alado,
de nuestras lágrimas unidas bajo el tiritar
de las vértebras.
He aquí, bajo las aguas, el beso prometido
como una burbuja de aire;
como aquella burbuja de aire
que no era tuya ni mía sino del fuego,
solamente del fuego.
He aquí tus dos ojos acariciando las sombras
que caían sedientas
desde cien mil estalactitas verdes.
He aquí aquel fuego.
Aquel fuego
que no era tuyo ni mío sino de mi latir
en ascuas,
de tu licor alado,
de nuestras vértebras unidas bajo el tiritar
de las lágrimas.
He aquí, bajo las aguas, el beso prometido
como una burbuja de aire en las arenas del bosque.
CÔTE SAUVAGE
(Sobre las rocas de Quiberon, agosto de 1994)
Ahora vuelvo
la más limpia de las miradas
cordialmente hacia las cosas
y me doy cuenta
de que no estoy dispuesto aún
para mirarlas con todo el sosiego,
con toda la mansedumbre,
y con toda la distancia,
a pesar de los años ya vividos.
Así es como contempla la luna
de esta otra bahía
las retorcidas copas de los pinos
y el ir
y venir
brusco
del oleaje.
BAJO LAS AGUAS
HE aquí, bajo las aguas, el beso prometido
en las arenas del bosque;
en aquel oleaje del bosque
que no era tuyo ni mío sino del cielo,
solamente del cielo.
He aquí mis dos manos acariciando las luces
que caían sedientas
desde cien mil estalactitas verdes.
He aquí aquel cielo.
Aquel cielo
que no era tuyo ni mío sino de tu licor
en ascuas,
de mi latir alado,
de nuestras lágrimas unidas bajo el tiritar
de las vértebras.
He aquí, bajo las aguas, el beso prometido
como una burbuja de aire;
como aquella burbuja de aire
que no era tuya ni mía sino del fuego,
solamente del fuego.
He aquí tus dos ojos acariciando las sombras
que caían sedientas
desde cien mil estalactitas verdes.
He aquí aquel fuego.
Aquel fuego
que no era tuyo ni mío sino de mi latir
en ascuas,
de tu licor alado,
de nuestras vértebras unidas bajo el tiritar
de las lágrimas.
He aquí, bajo las aguas, el beso prometido
como una burbuja de aire en las arenas del bosque.
CÔTE SAUVAGE
(Sobre las rocas de Quiberon, agosto de 1994)
Ahora vuelvo
la más limpia de las miradas
cordialmente hacia las cosas
y me doy cuenta
de que no estoy dispuesto aún
para mirarlas con todo el sosiego,
con toda la mansedumbre,
y con toda la distancia,
a pesar de los años ya vividos.
Así es como contempla la luna
de esta otra bahía
las retorcidas copas de los pinos
y el ir
y venir
brusco
del oleaje.